17 de marzo de 2011

EXPEDICION EL HORNILLO 2011

Atravesando la mancha, cuatro quijotes intrépidos divisamos los molinos de Consuegra, a los que se enfrentó nuestro insigne caballero en los altos cerros de Consuegra. Veo los molinos rodeados de nubes negras que presagian mal tiempo y pienso que si no nos deparará el destino una dura batalla contra los gigantes en la montaña que nos deje maltrechos.

FOTOS DESDE LA IMAGEN


Bueno me dejo de retórica y voy al grano. Nos fuimos Ascendino, Jorge (montañeros expertos), Jaime y un servidor (montañeros aficionados), a mi pueblo, El Hornillo (784 m.), situado en las postrimerías de la Sierra de Gredos, más concretamente en el Valle del Tietar. La idea inicial era subir a la Mira (2.341 metros) el sábado y el domingo correr por las sendas de las faldas de la sierra. Bueno también queríamos probar las gastronomía de la zona, cosa de la que se encargó mi madre, y ya sabéis las madres cocinan mejor que el Ferran Ariá.

La página de AEMET nos daba un tiempo pésimo, de todas maneras hicimos el ánimo y nos echamos al monte. Una cosa que nos dejó claro Ascendino , “en la montaña el tiempo es el que marca la ruta” cosa que después pudimos comprobar.

El viernes llegamos a cenar, yo les había hablado de las deliciosas carnes de Ávila, cochinillo, chuletón, cabrito… y mi madre nos esperaba con una sorpresa, Cuaresma, a comer pescado y ensaladas, buenísimo para la dieta.

El sábado por la mañana el día estaba nublado, cosa que no nos amedrentó, nos equipamos como para irnos a Everest y mi padre nos hizo de serpa quitándonos 6 kilómetros de subida, cosa que agradecimos, nos dejó a unos 1200 metros de altura cerca del Refugio de Domingo Fernando, desde ahí a la cima 2 horas. El objetivo era llegar al Puerto del Peón (2030 m.) y desde allí llegar a la Mira 2.341 m. otras dos horas. Al llegar arriba nos dimos cuenta que la nieve estaba muy blanda, me hundía hasta la entrepierna, y justo en la cima nos envolvió una niebla que no nos dejaba ver nada, encima se puso a nevar y para abajo. La bajada fue impresionante, Ascen y Jorge parecía que flotaban en la nieve, y yo no paraba de caerme y hundirme, Jaime venía detrás de mi sin parar de reírse, yo les seguía porque llevaban la tortilla que nos había hecho mi madre y no me fiaba de ellos, ya sabéis que el hambre rompe amistades. Mi padre nos recogió en el refugio y mi madre nos esperaba con un suculento menú, Patatas revolconas y de segundo chuletón de Ávila. Por la tarde les llevé a ver la Piedra de las Maleza, pedrusco de impresionantes dimensiones, donde mi abuelo pasaba los veranos con las cabras, aprovechando los pastos verdes de la sierra. La cena del sábado no tenía desperdicio, cochinillo frito, queso de cabra y ensalada, ideal para reponer fuerza. Después salimos a visitar los dos bares de la localidad, debo decir que dejamos el listón bastante alto, según Ascendino tiraban la cerveza muy bien, cosa de la que dimos Fe los demás. Nos fuimos prontito a dormir, (esto para las nuestras mujeres).

El domingo fue el mejor día, lloviznaba, cosa que no nos amedrento. Empezamos subiendo por los atajos (sendas) que salía desde la misma casa de mis padres, en tres kilómetros subimos casi 300 metros. La subida hasta la Piedra de las Malezas (1200 m.) nos llevó una hora, la pendiente media desde el pueblo un 15 %. A partir de aquí se acababan los carriles forestales, cogimos una senda de montaña que comunica la Piscina del Arenal con el camping de Guisando (9 horas andando), un reto para el año que viene, pero corriendo. Esta época del año es la más bonita para ir el verde del musgo, el blanco de los líquenes que tapizan la cara norte de los pinos, los arroyos por los que baja mucha agua, la humedad que te ayuda a respirar, que más se puede pedir. Seguimos subiendo un poco, pero lo peor ya había pasado, con el Garmin de Jaime medimos la altura, 1383 m., teniendo en cuenta que salimos a de mi casa a 784m no está nada mal, este magnífico aparato nos dice que subimos 1268 m. de pendiente acumulada. El descenso hacia mi pueblo, lo hicimos por unas sendas por las que bajaba yo con mi abuelo con la mula cargada de heno, me quedaban fuerzas, apretamos un poquito y disfrutamos bajando deprisa. En total 17 kilómetros en 3 horas, no estuvimos todo el tiempo corriendo, pero disfrutamos mucho. Al llegar ducha rápida y al bar a reponer sales.

El colofón gastronómico lo puso mi madre con un cabrito cuchifrito y mi padre con un pulpo a la gallega. No tengo palabras para ellos al igual que mis compañeros de excursión.

Esperamos que el año que viene podamos ser más expedicionarios. Desde aquí invitaros a todos y todas a visitarme en verano, paso allí todo el mes de agosto, os esperamos Aitor, Elena y Rodrigo.