10 de mayo de 2011

MEDIO MARATÓN DE ALBACETE O EL PODER DE UN DORSAL

Ese trozo de papel blanco con un número impreso, que se sujeta a la camiseta con cuatro imperdibles, es algo más que un simple dorsal........ Tiene poderes.
Todavía recuerdo la primera vez que me puse un dorsal. Era tanta la emoción que aún hoy siento una sensación extraña al recordarlo.
Fue una mañana fresquita del mes de Mayo, en el Medio Maratón de Albacete. La mezcla de nervios, miedo, alegría y no se cuantas emociones más me hacían sentirme alguien especial. Sentía que el protagonista de la carrera era yo, que todas las miradas del público iban dirigidas hacia mí, que todos los objetivos de las cámaras me apuntaban. Me creía importante, como una estrella del deporte.
Para mí era un reto, una locura, una prueba de valentía y arrojo por enfundarme en una camiseta con su dorsal, para correr nada más y nada menos que 21 Kilómetros.
Yo,... si, yo..., ese saco de patatas que pocos meses antes fumaba dos paquetes de tabaco al día, que sobrepasaba los cien kilos de peso y cuando tenía que subir dos filas de escalones se lo tenía que pensar dos veces; estaba en la línea de salida de un Medio Maratón. Allí, sólo, ante una situación en la que jamás me hubiera imaginado.
En esa carrera sufrí lo indecible por mi clamorosa falta de preparación, los calambres hicieron presa en mis maltrechos músculos, pero al mismo tiempo que hundían sus garras en mis piernas, esas garras inocularon en mí una droga de la que todavía no he logrado desengancharme. Correr era algo que me producía dolor y a la vez me administraba el bálsamo que calmaba ese dolor. Yo no entendía del todo lo que me estaba pasando, pero lo que sí supe es que no sería la última vez.
Han pasado ya algunos años y muchas carreras, incluso maratones y a día de hoy a pesar de todas las carreras que he disputado, sigo sintiendo esa sensación eléctrica que me recorre la nuca cuando estoy en la línea de salida. El olor a miedo y vaselina, la ansiedad, junto a los saludos frenéticos y caras de determinación, potencian todavía más el torrente de sensaciones que se pueden experimentar cuando uno se pone un dorsal.
Creo que la transformación que ese trozo de papel provoca en la gente, es un fenómeno digno de estudio. Es lo que yo llamo el poder de un dorsal.
Los efectos que se atribuyen al poder de un dorsal son muchos y variados:

- A algunas personas les hace sacar una vena competitiva que ni siquiera ellos saben que poseen .

- En otros casos infunde una voluntad de hierro y una capacidad de sufrimiento sin límites a quien lo porta.

- Hay a quien le funciona como válvula de escape para eliminar la presión diaria.

- En otros produce algo místico, corren algunas carreras como ofrenda, como peregrinación o tributo a un ser querido.

- Y hay a quien sencillamente le permite disfrutar de los amigos, el deporte y la salud.

Los consabidos argumentos de bienestar físico, superación personal, men sana in corpore sano, etc,etc. No son sino escusas para seguir haciendo lo que de verdad nos gusta, y hace que nos sintamos vivos, que es volver a experimentar ese miedo dulce, esa sacudida de euforia, en definitiva ese chute de adrenalina que te invade siempre que te pones un dorsal, aunque sea torcido...
Cada vez que corro la MEDIA MARATÓN DE ALBACETE me siento como el futbolista que juega en su campo, o como un torero que actúa en su plaza ante su afición. Cuando toreo en mi plaza siento una mayor responsabilidad, y quizá eso hace que me esfuerce un poquito más.
No sé si a vosotros os pasará algo parecido, pero la noche de antes preparo cuidadosamente mi armadura, mi dorsal, mis zapatillas.... como Don Quijote cuando velaba sus armas en el patio de aquella Venta. Después me voy a la cama, pensando en la carrera de mañana, ilusionado como un niño chico en la noche de Reyes.

Espero conservar esa ilusión toda mi vida.

Javier Martínez Lorenzo

                                                                                   Verdinegro el corazón......