16 de abril de 2012

CASAS IBAÑEZ 2012


LA TOLA Y LA MADRE QUE LA PARIO
Con la que estaba cayendo a eso de las 15.30 cuando estábamos tomando café en Los Corzos, no podía dar crédito a mis ojos al ver la caravana de descerebrados que se dirigía a CasasIbáñez. Uno se pregunta: ¿Qué tiene que caer del cielo para amedrentar a tanto loco?, quizá cuando caigan meteoritos, la estación espacial internacional, el Cometa Haley, o como dice mi madre "rayos encendíos", igual la gente se plantea ir o no ir a correr.
Durante el camino ha caido la mundial, todo hacía pensar que no podríamos correr, y las nubes que se veian sobre la manchuela no hacian presagiar nada bueno. Nos hubiera gustado tener uno de esos cohetes con nitrato de plata que tiran en el campo "pa espantar el nublo". Solo me quedaba la esperanza de que fuera un "nublo recortón", uno de esos que cuentan que te mojan una manga de la chaqueta mientras la otra permanece seca.
A medida que nos acercábamos al pueblo se adivinaba un claro de sol sobre la zona, no sabíamos si era por que ahí terminaba el nublo recortón o por que Mamen-sun ya había llegado al pueblo...
Sea como fuere, la situación era muy cambiante, tan pronto llovía como hacía sol, y todo sin dejar de soplar un airazo de mil demonios.
Una vez allí, nos dirigimos a la Monumental de CasasIbáñez, cuando me iba acercando a la plaza me daba la sensación de estar en una tarde de toros, menudo ambientazo.

 La recogida de dorsales en los pasillos de la plaza recordaban a esas tardes de llenazo, con algunas ligeras diferencias en el tiempo ya que lo de sol y moscas.... o diferencias en la gente, como por ejemplo en la vestimenta, o la diferencia del olores, el olor a colonia cara y puros buenos en una tarde de feria, o el olor a vaselina, réflex y compañerismo en una tarde de carrera. No sabría decir cual de las dos me gusta mas.
Ya en la línea de salida se podía ver a corredores pertrechados con todo tipo de prendas por lo que pudiera caer.
El viento no dejaba de soplar, y el suelo estaba totalmente embarrado, así que para quitarse los remilgos, nuestro Jorge Lozano empezó a chapotear en todos los charcos que encontraba a su paso, parecía un crío pequeño con cachuscas, ni que decir tiene que las caras de los corredores que venían alrededor eran un poema. Tanta montaña es lo que tiene...
Tras recorrer los primeros kilómetros de falso llano, llegamos al descenso bastante empinado que da a la hoz del río. El suelo era todo barro, con los problemas de tracción y frenada que eso supone. En algún momento dudé si lo que estábamos pisando era barro o eran restos orgánicos dehechados por algún corredor laxo ante la proximidad de la temida Tola. Desde luego el color y me atrevo a decir que la textura eran iguales, lo del olor no sabría decirlo ya que con tanto viento...
Cuando terminó el descenso llegaron unos toboganes ya por asfalto, para ir preparando el cuerpo ante la que se avecinaba. Al cabo de unos cuantos toboganes veo a mi derecha una fila serpenteante de corredores que empezaban a subir por una cuesta imponente. Ya está aquí, ya llegó, La Tola y la madre que la parió.
La subida es agónica, Jorge me iba esperando, tuve que andar en algunos tramos, me consolaba ver que no era el único, ya que atletas de la talla de Sebas del Dos quince, también anduvieron como Jesús sobre las aguas. Lo de la talla de Sebas que nadie se lo tome por donde no es, me refiero a la talla atlética, humana y gastronómica del mozo, que no es moco de pavo.
Lo peor de La Tola no es solo la subida, que ya está bien, si no que durante los dos kilómetros posteriores no sientes las piernas, no terminas de recuperar.
Al poco de coronar la dichosa Tola, se llanea en ligera bajada hasta el pueblo. En ese trayecto el viento que tanto nos había perjudicado en la primera parte, se puso de nuestro lado, facilitando un poco el trote. Una vez en el pueblo se callejea hasta la meta junto a la plaza de toros.
Durante ese tramo el público nos vitoreaba, en ese momento me sentí inmortal como un general de la antigua Roma, entrando triunfal hacia el coliseo en olor de multitudes, mientras mi consejero me decía, "recuerda que eres mortal, que solo eres un hombre"....
Cuando lo que en realidad estaba oyendo era decir a Jorge - "Javi, recuerda que nos ha adelantado hasta Sebas..... date prisa hombre"...
  
Volveré, si Dios quiere...
 
Javier Martínez Lorenzo
Verdinegro el palomar....