26 de agosto de 2012

QUIJOTERIAS........


LA GACELA   
            Como muchos  de ustedes sabrán, mi familia  materna procede de la sierra de Alcaraz, concretamente de la preciosa localidad de Masegoso, mi pueblo.
Aunque yo nací en Albacete, mi pueblo es Masegoso; y es que los de mi pueblo nacemos donde queremos… somos así.
Es por eso que conozco bien la sierra, sus parajes, sus gentes, su flora y su fauna.
Hablando de su rica fauna, he tenido la fortuna de ver en el monte muchas de las especies de la zona, como por ejemplo águilas, buitres, corzos, muflones, lobos, machos monteses,  zorros, hasta una nutria en la laguna del Arquillo. 
 
Lo que jamás imaginé  que vería  en la Sierra de Alcaraz es una Gacela.
 
Si, han leído bien, una Gacela. No es una gacela cualquiera, ni siquiera es una gacela Thomson   de esas que salen en los documentales de la 2, esas que viven en las llanuras del Serengueti, no.  Es una gacela Villar, hasta ahora el único ejemplar avistado en la  Sierra de Alcaraz,  procedente de Alcaraz capital para ser exactos. Con denominación de origen certificada.  No es otra que nuestra Laura Villar.
Laura, como buena “gacela” corre mucho, pero mucho, mucho… no hay más que ver las clasificaciones cada fin de semana,   últimamente no baja del pódium, un buen día se subió al él y se quedó a vivir allí. Yo creo que de ahí no la echan ni con flishh!! como diría  “Juanuvas”.
También como buena “gacela”, tiene un correr  grácil y elegante, su  fina estampa en carrera transmite  fuerza y fragilidad a la vez.
Verán que no exagero si le digo, que es una de las corredoras con más clase del circuito.
                    No diría que está delgada, más bien diría que está afilada como una buena tizona de acero bien templado.
 Tiene cara de niña buena, ojos grandes color marrón tabaco, es muy cordial, siempre tiene una palabra amable, su voz es cálida, de color ámbar, su dulzura en el trato y su aparente fragilidad, nunca harían  presagiar su poderío sobre unas zapatillas. Cuando se sube a ellas y se cala su gorra blanca hasta las cejas es para volar,  para acuchillar el aire con sus zancadas, como si realmente la persiguiera un depredador de la selva africana.
                     Es competitiva pero creo que la competición se la toma como hay que hacerlo, con deportividad y filosofía.
Su progresión en los últimos tiempos ha sido espectacular,  ha dado un gran salto cualitativo en sus resultados,  esto en su caso tiene doble mérito, no olvidemos que es madre de dos preciosos retoños que tuvo con un “lobo estepario” y eso en una mujer crea  un antes y un después a todos los niveles, sobre todo en la competición.
Quién sabe cómo y cuánto correrían algunas de sus más directas competidoras después de tener dos churumbeles…  y tan bonicos como los suyos, (que hacerlos tan bonicos todavía desgasta más durante el embarazo)  quizá se les endulzaría un poco más el carácter, que a más de una buena falta le hace.  
Deberían tomar ejemplo de corredoras deportistas, que compiten por derecho y sin triquiñuelas de patio de colegio. Personalmente creo que esos comportamientos antideportivos obedecen a una fabulosa falta de madurez por parte de quienes los protagonizan. Allá cada una con su conciencia, lo que está claro es que nuestra “gacela” corre libre, sin presiones, sin bajezas ni puñaladas traperas, campeando  por sus dominios, con la tranquilidad que da la honestidad de quien compite contra sí mismo, por el puro placer de conocer sus límites.
         Nuestra “gacela” seguirá igual, corriendo muy rápido, viviendo muy despacio.
Nos seguirá regalando sus triunfos verdaderos, legítimos, nos seguirá dando ejemplo de esfuerzo, tesón y humildad.
 Y todo eso sin descomponer la figura, con su eterna sonrisa, con su elegancia en el trote, sin  aspavientos, con clase.
Gracias por tu ejemplo.
          Y recuerda “gacela” , si quieres corre mucho, si quieres corre poco, ve deprisa, o ve despacio, pero nunca, nunca, nunca pierdas tu encanto….                  
     
Javier Martínez Lorenzo
                                                                             
                                                                    Verdinegro el corazón…