9 de mayo de 2013

ALPERA 2013


EN MEMORIA DE OTILIO DELICADO
                He de reconocer que para mí esta carrera tiene un algo especial, ni es mi pueblo, ni  tiene una belleza espectacular en su recorrido, pero tiene un algo que intentaré relatar en esta crónica.
 Fue en la edición del 2.007 y aunque en aquel año no la corrí, (pues llevaba poco tiempo corriendo y apenas aguantaba más de veinte minutos), cuando decidimos, motivados en parte por las carreras infantiles desplazarnos toda la familia hacia la acogedora localidad de Alpera. Una vez allí puede comprobar con tristeza que esa carrera se hacía en memoria de Otilio Delicado (compañero con el que había coincidido en mi época de estudios en la Universidad Laboral entre los años 83 y 86). Había perdido todo contacto con él desde esa fecha,  pero era de esas personas que por su carácter abierto y entrañable no se olvida. Ya en el año 83 a Otilio le apasionaba practicar el atletismo, salía a correr por los alrededores de la UNI (como le llamábamos todos a la Laboral), con su camiseta de algodón, mientras el resto nos  dedicábamos a jugar al fútbol o al baloncesto, como si no existiese otro deporte que practicar , solo a una minoría le gustaba correr . Poco después me enteré a través de una persona de Alpera,  del fatal desenlace, un accidente de tráfico truncó su vida, cuando estaba en lo mejor de ella.
                Volviendo a la carrera del 2007, y como comentaba antes, allí nos presentamos la familia al completo, con el objetivo de que Paula y Ángela corrieran  sus respectivas carreras infantiles. Daba gusto ver la ilusión y el empeño que ponían los pequeños atletas, y que decir la sonrisa de oreja a oreja cuando acababan y les daban su medalla, su camiseta  y la bolsa de chuches, es evidente que solo había tres premios por categoría, pero a juzgar por las caras de satisfacción, allí todos los niños habían ganado, de hecho doy fe, que más de un niño se acostó con su camiseta y su medalla.
                Posteriormente nos quedamos a ver la prueba reina, donde creo que me entró el gusanillo de las carreras populares, y eso que en esa edición muchos de vosotros recordareis como en un momento se desató una tormenta y “nos cayó la mundial”.
                Al año siguiente y satisfechos por la experiencia decidimos repetir, aunque esta vez fuimos por la mañana con la intención de comer por allí, pues las carreras infantiles empezaban a las 16:30. Allí en el restaurante tuve la suerte de conocer a Samuel, el médico de la prueba,  y sin duda,  una  gran persona. Tras conversar con él un rato me deseaba suerte para lo que sería mi debut en esta carrera, y la verdad que falta me iba a hacer viendo la comida que nos metimos entre pecho y espalda. Creo que rebasamos ampliamente el límite de Kcal.  recomendado, menos mal que faltaban más de tres horas para la carrera. Sorprendentemente aquella tarde recuerdo como entré en meta por debajo de cincuenta minutos, increíble para mí (y con la comida que nos pegamos), y allí estaba Samuel, a pie de meta, velando por todos nosotros y a su vez felicitándonos por  nuestra carrera. 
                Samuel,  en nombre de este club  y creo que de toda la familia de atletas populares, te deseamos una pronta mejoría.  Estoy seguro que para el año que viene coincidiremos en Alpera.
 
Con respecto a la carrera, y por no extenderme mucho más,  decir que aunque este  año,  y con la proximidad de la carrera de Casas de Lázaro, no ha sido tan nutrida como en ediciones anteriores. Los que allí nos congregamos dejamos el pabellón bien alto ¡y qué marcas! Enhorabuena a todos, se notan los entrenos en Chinchilla,  aunque ya se sabe siempre está el que dice “estaba mal medida”,  hay que ver qué mala que es la envidia….También animar a todos los Quijotes a llevar a los pequeños a que hagan  carreras infantiles,  pues disfrutarán ellos, y vosotros de verlos. Y quien sabe,  lo mismo aumentamos la cantera de pequeños Quijotes y Dulcineas.
A partir de ahí hemos repetido año tras año, cada uno con sus anécdotas y sus historias, y lo mejor,  todas ellas agradables de recordar.  Es muy reconfortante ver cientos de niños de todas las edades corriendo por las calles, los padres detrás de los más pequeños y  (que algunos hasta les cuesta seguirles el paso),  cientos de voluntarios colaborando desinteresadamente  y en general un pueblo volcado con su carrera y  con aquel muchacho del pueblo  al que le gustaba correr.
Sin duda el mejor homenaje que se podía hacer a Otilio.

Un  saludo a tod@s.

Ángel Robles.