1 de diciembre de 2013

MARATON DE VALENCIA 2013

Esto comenzó el 16 de Julio, cuando mi hija me dio mi regalo de cumpleaños. Cual fue  mi sorpresa cuando ví que el regalo era la inscripción a la maratón de Valencia.
 
Todo me hacía pensar que sería una maratón muy especial por ser el primero y porque lo haría por ella, por mi Yaiza.
 
A primeros de Agosto empezaron los duros entrenamientos, aunque tengo que confesar que gracias a estos duros entrenamientos he conocido a una persona excepcional, a mi “couch”, sin él los entrenamientos no habrían sido lo mismo.
 
Cuando ya estábamos llegando al final, me vine abajo, un dolor abdominal, que parecía ser apéndice, podía tirarme por tierra todos los duros días de entrenamiento.
 
Una vez más, en esos días, allí estaba el “couch”, junto a mi familia dándome ánimos. Finalmente todo quedó en un susto.
Llegó el día 16 de noviembre y empezaron los verdaderos nervios. Había que ir a recoger el dorsal. Allí, ¡¡¡Había tanta gente con las mismas ilusiones que yo!!!
 
El día 17 llegó: ¡EL GRAN DÍA!. 
Con pocas horas de sueño debido a los nervios, desayuné un gran desayuno y acompañado por mis grandes amores me dirigí al cajón de salida. 
 
Allí me encontré con Ángel Ródenas (el couch), nos deseamos suerte y sonó el disparo de salida. En ese momento, desaparecieron todos los nervios y empecé a disfrutar de verdad.
Cuando llegué al Km 21 me encontraba muy bien y me asustaba el pensar que haber apretado mucho me pasaría factura después. Todos me decíais: debes hacer los primeros 21 Km tranquilo y a partir de ahí según te encuentres, cuidado con el muro de los treinta y tantos ….
En el Km 24 estaba mi pequeña animándome, lo cual me dio una inyección de adrenalina. Esto lo conseguiría por ella y para ella.
 A partir de ahí tuve muchas emociones buenas y malas. Pasé por tantos lugares por los que años atrás había paseado con Marga en su época estudiantil que me empujaron hasta el km 40.
 
Es muy emocionante ver como la gente te ánima y los niños, sin conocerte, gritan tú nombre.
 
 
 Los últimos dos km los hice más con el corazón que con las piernas. ¡¡Era tanta la gente que a ambos lados del camino animaban!!
Y por fin, la ansiada alfombra azul. Nada más entrar en ella, giré la cabeza a la izquierda y allí estaban ellos, mis pequeños y Marga, animándome y tan emocionados como yo.
 
Miré al frente, levanté los brazos, disfruté del momento y META. Ya tenía la tan ansiada medalla.
 
Ha sido una experiencia maravillosa, que en estos días tan difíciles, me hizo disfrutar mucho y olvidar.
 
Miguel Igualada.