16 de abril de 2013

CASAS IBAÑEZ 2013

                                      CON LA MUERTE EN LOS TALONES….  

                                                                       Si podéis leer esto es que estoy vivo…
 
El sábado se celebró la ya tradicional carrera popular de Casas Ibáñez.

La expectación generada por el cambio de recorrido, la novedad de bajar La Tola en vez de subirla como siempre y la temperatura anunciada para la tarde de la carrera, eran ingredientes más que suficientes  para dotar a esta carrera de más expectación si cabe.

            Cuando en las ferias taurinas se anuncian carteles con las máximas figuras y la ganadería del encaste de moda, en el día central de la feria y la corrida resulta ser un bodrio infumable, se dice aquello de “corrida de expectación corrida de decepción”… Cuando los corredores salimos el sábado de la monumental de Casas Ibáñez, no solo salimos decepcionados, si no que también salimos indignados.

            Parece que últimamente algunos pueblos al organizar sus carreras quieren competir con otras localidades en un “ a ver quién la tiene más larga y más dura” (la carrera,  claro está…)

            La  altísima temperatura fue el invitado desagradable que no se va en toda la fiesta, antes del disparo de salida ya estábamos sudando la gota gorda. Caía un sol de justicia bastante injusto e inmisericorde con los que allí nos dimos cita.

A las cinco y media de la tarde sonó un disparo nada halagüeño, inquietante diría yo, fue el presagio de lo que después iba a ocurrir…

El nuevo recorrido consta de un llaneo de unos cuatro kms., la bajada de la Tola, unos cuantos toboganes, la subida al Everest y un llaneo de unos cinco kms. hasta el Coso de Casas Ibáñez.

            Desde que salió la carrera mis glándulas sudoríparas estaban trabajando a toda máquina para poder evacuar el sudor de mi cuerpo y así refrigerarlo.

            Tras el disparo la carrera se dirigió hacia la bajada de la Tola, allí corríamos todos menos el aire, que no sopló nada. Los rigores del primer calor se dejaron sentir con fuerza en nuestras carnes hasta entonces blanquinosas. En el kilómetro cuatro primer puesto de agua, nos supo a gloria. Acto seguido enfilamos la bajada buscando una brizna de sombra que llevarnos al cuerpo para aminorar la marcha y refrescarnos un poco.

            Bajar la Tola hace que pierda toda  su épica, con lo jodido que es subirla… Tras hacer algunos toboganes, empezó el calvario, una subida larga y empinadísima que llega al Pinar de San Vicente;- que el hombre sería muy santo, pero hay que joderse donde fue a plantar el pinar, si se descuida lo planta en el  cielo, a la derecha del Padre…

            El esfuerzo y sobre todo el calor habían mermado las fuerzas y el ánimo de la gente, la subida a ratos parecía una pared, todos anduvimos, hubo momentos en los que me faltaba el aire, fue agónico. Completé la subida de aquella pared y cuando conseguí coronar aquella mole, comprobé horrorizado que en el avituallamiento, ¡¡¡no quedaba agua !!!...-No puede ser-, pensé, cómo es posible que no tengan más agua un día como hoy y en una carrera como ésta… Dios mío como en el siguiente avituallamiento no haya agua, no sé lo que va a pasar aquí hoy. Terminé de subir el Col du Tourmalet que nos metieron, andando claro, no era posible de otra manera, menos mal que aunque no había agua, sí que había alguna sombra; el que no se conforma es porque no quiere… Aquellas rampas no eran para correrlas, eran para escalarlas.

            Destrozado física y anímicamente, solo esperaba que el siguiente avituallamiento tuviera algo de agua. Una vez coroné completamente la subida, seco, deshidratado, con la lengua como la lija del número cuatro; empecé a pensar que quizá querían acabar con mi vida, el recorrido la falta de agua, el calor…me sentí como Cary Grant en la peli “Con la muerte en los talones”…entonces se acercó a mí un niño de la organización para ofrecerme una barrita energética, calentica, pastosa y sin agua… -No hay duda, quieren acabar conmigo- pensé…  -esto es una encerrona- . No hay agua, hace calor, la cuesta es criminal, el niño con la barrita esperando que me ahogue… ¿ Qué será lo próximo? Empecé a mirar a todas partes, esperando en cualquier momento una que avioneta  me disparara desde el aire, o que un francotirador apostado en algún peñasco cercano me abatiera de un certero disparo… Temí seriamente por mi vida…

            Una vez superados la cuesta, la fatiga, y el miedo a morir en aquel paraje, dirigimos nuestros cada vez más penosos pasos hacia el pueblo, faltaban todavía cinco kilómetros. No había ni una sombra y el aire se quedó más quieto que José Tomás en Las Ventas… La gente lo estaba pasando realmente mal, esa falta de previsión, más allá de ser un error de cálculo, es una falta de responsabilidad manifiesta por parte de la organización, estamos hablando de ochocientas vidas humanas. El sábado en Casas Ibáñez se creó el caldo de cultivo perfecto para que hubiera ocurrido una desgracia y eso es inadmisible, en esas circunstancias de calor, falta de agua y esfuerzo físico ímprobo, es facilísimo sufrir un golpe de calor. ¡¡¡Repito, es inadmisible !!! Si la organización hubiera dedicado el mismo esfuerzo a prever la falta de agua en los avituallamientos que a diseñar el circuito, otro gallo habría cantado.     

            No es la primera carrera que se organiza en Casas Ibáñez, es ya una carrera con solera, no se puede dejar al azar algo que puede costar un serio disgusto, espero que tomen nota los organizadores de Casas Ibáñez y de todas las localidades que organicen carreras en primavera y verano. Señores estamos hablando de vidas humanas, descuidos como éste pueden ocasionar una desgracia y eso es muy serio.

            Ya en el kilómetro trece más o menos, a falta de diez minutos para llegar, había una señora con una o dos botellas de litro y medio de agua, las compartimos entre quince o veinte corredores. El agua estaba como el caldo, pero era tal la sed que el único trago que le di me masturbó el gaznate a su paso. Cuando llegué a meta, pude ver a gente realmente mal, deshidratada. Se comentó que en meta no había asistencia médica, quiero pensar que no es verdad, porque eso ya sería el colmo de la desfachatez….

Creo que eché más de menos que nunca la imagen de Samuel con sus guantes de látex bajo el arco de meta.bado por la tarde si quisiera jugarme la vida bajo el sol un sepetirmpartimos entre quince o veinte corredores. El agua estaba c

            Una vez en la plaza de toros, cerveza en mano y más recuperado, tuve la sensación de haber llevado toda la tarde la muerte en los talones, como Cary Grant en la película de Alfred Hitchcock…

            Diré en descargo de la organización, que pidieron disculpas a través de Facebook por la falta de previsión…. Qué menos…

            Señores organizadores de carreras, esto no se puede volver a repetir, es inadmisible, si quisiera jugarme la vida bajo el sol un sábado por la tarde,  me habría metido a torero.

 

            Cronista de ustedes, Javier Martínez Lorenzo.

 
                                                                       Verdinegro el corazón….