11 de febrero de 2014

ASCENSO A LA DEGOLLÁ (PRIEGO-CUENCA) 2014.

Es difícil describir con palabras lo que viví el pasado domingo 9 de febrero en el espectacular entorno de Priego en Cuenca. En pocas palabras solo puedo decir que fue dura, muy técnica y tremenda.
Iniciamos viaje con la amenaza constante de la dichosa ciclogénesis explosiva, con la idea de tener que atravesar un río (luego nos dijeron que había un puente provisional) y ver qué narices hacíamos con el frío. Cuando llegamos al pueblo empezamos a vivir el ambiente de la carrera, de una buena carrera. Entrega de dorsales y a prepararse. Como buenos desconocedores del terreno, mi cuñado y yo, no teníamos ni la menor idea de lo que nos esperaba. De hecho un veterano de Calatayud en carreras de montaña nos dice que piensa tardar una hora y media, madre mía luego se demostró que era igual de novato que nosotros en esta carrera.
La salida fue acorde con una carrera de este tipo, bastante tranquila. El esfuerzo que nos esperaba era mucho, algunos de hecho nos lo iban indicando. Ya en las primeras rampas de la primera ascensión dura noté que seguía con los restos del catarro que venía arrastrando desde hace dos semanas atrás. Decido ante esta situación disfrutar de la carrera y del entorno y tener como objetivo terminar. La idea de abandono me acompaña hasta el primer avituallamiento en el que recupero el fuelle y el ánimo. Tras recuperar líquidos y alimento iniciamos el primer descenso duro, peligroso y resbaladizo; que desembocó un puente de canoas y una cuerda para pasar un tramo especialmente duro, lo que supuso una nueva parada.
El segundo ascenso, a la Degollá propiamente dicho, tenía un inicio en exceso peligroso producto de la lluvia que nos iba cayendo, de hecho los raspones que me hice sucedieron en este tramo. Con la rodilla dolorida y con un hilo de sangre pasamos a la parte más agradable de la ascensión, el mar de nubes cubriendo las hoces y la nieve que empieza a cuajar bajo nuestros pies. Tremendo. Sólo por esto merece la pena meterse en estos fregados. El segundo descenso, a tope. A la mitad se comienza a atisbar el pueblo pero lo que menos podía imaginar es el barrizal de poco antes de entrar en las calles de Priego.
La llegada, espectacular, la gente aplaudiendo a rabiar, con admiración de verte llegar tras más de dos horas de batalla, y encima en meta el locutor dice a voz en cuello “¡¡¡¡¡y hace su entrada en meta un valiente del Club Don Quijote de Albacete!!!!!” No lo pude evitar, ¡qué lagrimón! ¡Qué alegrón! ¡Qué pasada! Sinceramente, os la recomiendo. Eso sí hay que ir algo preparado, es una cosa seria.
Siempre vuestro.
Alfonso “Perlita”