20 de mayo de 2014

ROCK N’ROLL MARATÓN DE MADRID 2014.

Casi ha pasado un mes desde que crucé la meta de mi primera maratón en el Retiro. 27 de abril de 2014. La tardanza de estas letras se debe en una parte muy importante a la necesidad de ordenar mis ideas, de asimilar lo realizado, de volverme otra vez “mortal”. En estas líneas no voy a describir una carrera conocida por una u otra vía, ni los nervios del principio. Ni hacer descripción pormenorizada de un Madrid que nos recibió con un día de primavera realmente espectacular. 

Para mí la Maratón tuvo dos partes: los primeros 14 kilómetros que hice con Fernando (gracias amigo) y el resto que hice solo, bueno solo no, sin nadie conocido mejor dicho. En estos días posteriores he pensado por qué lo hice, por qué me lo puse como objetivo esto del Maratón. Pues bien, no es más que algo que tiene que ver con mi propia vida, de mi forma de entender esto que llamamos vida y que yo prefiero ver como un camino. Muchos sabéis que vengo de Toledo y que aparecí en vuestras vidas de repente, sin anestesia. Me incrusté en vuestro mundo para no salir, aunque nunca se sabe, este tiovivo da muchas vueltas. Mis recuerdos se agolparon por las calles de Madrid, mi infancia en Jávea, mi adolescencia y juventud en Toledo. Mis aciertos, mis errores. Mis tiempos de cigarrillos, futbolín y otras cosas difícilmente confesables. Mis noches interminables, mis chicas, mis… En fin, para qué seguir… 

El caso es que me vino a la mente pensar por qué corro. Pues bien, es claro, primero porque me gusta (debería haber empezado antes) y segundo por mis hijos, por el ejemplo que les tiene que dar su padre. Prefiero que me vean penando corriendo por la calles que en otros lugares que de sobra conocí, en los que más de una vez toqué fondo. Hace ya algunos años que mi vida cambió y se lo agradezco a aquella que siempre va conmigo, que es hombro y consejera, que lo es todo y me lo ha dado y da todo. En Madrid, el lugar donde nací, conseguí un nuevo objetivo, y conseguí saber de nuevo qué es la emoción. 


Para mi tiene cuatro hitos, el primero cuando a lo lejos vi una camiseta del Don Quijote y no era otro que JJ (qué grande eres tío); el segundo cuando salió de la nada el gran Alberto Rey por Atocha (qué abrazo en plena carrera); el tercero cuando oí que me llamaban Pedro Cifuentes y Pilar y el cuarto cuando vi un grupo en el que pude distinguir a Mamen, madrina mía (¿te acuerdas cuándo me recogiste con las zapas de aerobic?). Pero lo que siempre llevaré grabado en mi mente fue cómo pensar en mis hijos me empujó en los últimos kilómetros. Cómo en el paseo del Retiro llegando a meta me imaginaba que estaba toda mi familia allí, esperándome, animándome, aplaudiendo.

 Y por fin llegué y las lágrimas del último kilómetro se multiplicaron. Llegué, ¡joder que lo hice! Por mis hijos, por Sara y por los míos lo hice. 

¡Lo conseguí! 

Siempre vuestro. Alfonso “Perlita”.